Empresas: A la caza del mejor talento

Por: María Piedad Gil Botero @mariapigil

Mucho se habla en la actualidad de la necesidad de incrementar la capacidad de las empresas de competir en un mundo complejo, con enormes niveles de incertidumbre, generados por el permanente cambio, las condiciones sociales convulsas, y la inestabilidad económica de los países.

Los grandes gerentes diseñan  estrategias y fórmulas de éxito para salirle al camino a la competencia, seducir los consumidores y clientes y quedarse finalmente con las ganancias económicas que son, en último término, la razón de ser de la existencia de una compañía.

La mayoría de ellos, sin embargo, tiene una claridad, y es que en el mal llamado “recurso humano”, está una parte importante  de la fórmula mágica, capaz de transformar lo anodino en oro.

A pesar de esta claridad, teórica, por demás, muchas empresas se concentran en otras cosas diferentes a su gente, aunque en sus declaraciones misionales pululen los compromisos con sus empleados, que en la realidad no son más que retórica. Error craso.

La cotidianidad, maravillosa maestra, nos ha enseñado que sin su gente una empresa no es más que un cúmulo de máquinas inútiles,  para el caso de las manufactureras o un puñado de promesas,  para las  de servicio.  Cuando la jornada laboral culmina, una oficina o una planta de producción no es más que tristes rincones, en espera de los múltiples rostros que les otorgan sentido.

La gente es un gran diferenciador, un verdadero estratega lo sabe. El talante de sus empleados, entendido como sus valores y actitudes y su talento, en tanto que  formación, experiencia y competencias, harán, seguramente, la diferencia.

Esa postura equivocada de la alta gerencia tiene su origen en varios mitos, que nos han sido legados culturalmente. Uno de ellos, pienso que de los más significativos, es que la calle está llena de gente que quiere y puede trabajar.

Lo primero puede ser cierto, hay mucha gente que quiere trabajar, pero no toda la gente tiene lo que se requiere para llenar con el éxito que es necesario, un cargo. El verdadero talento no pulula. Hay mucha gente formada, pero no toda tiene la actitud adecuada,  otros son un dechado de virtudes,   pero carecen de los  niveles de experticia que se requiere, y lo cierto es que  cada vez más, las empresas demandan personal con formaciones y competencias de elevado nivel de especificidad, justamente para que apuntalen efectivamente las estrategias corporativas.

Otro mito es que la gente se siente feliz sólo con el salario, y que las personas talentosas están dispuestas a trabajar por salarios irrisorios. No es cierto. Los trabajadores tienen mejores niveles de formación, poseen la claridad de que su talento vale, y que las empresas verdaderamente interesantes,  están dispuestas a compensarlo, con dinero, pero también con otras cosas como beneficios, atenciones, posibilidades de ascenso y carrera, afianzamientos para la familia, posibilidades de formación, estatus, entre muchísimas otras.

Hay otro mito muy bizarro, que  ha costado a las empresas la pérdida de talento verdaderamente estratégico y es que basta con que al trabajador se le pague puntualmente, para que deba sentirse satisfecho y desarrollar un robusto sentido de pertenencia.

Hace carrera, afortunadamente, en mi concepto, una corriente de pensamiento entre los trabajadores que tiene que ver con dos aspectos fundamentales para lograr las sinergias que son indispensables hoy para tener éxito. Me refiero al asunto del clima laboral y el ambiente de trabajo. La gente  sabe que tiene derecho a tener un trato digno, a una jornada de trabajo que le permita compartir con su familia y seguirse formando, a ser escuchado y si se equivoca a un debido proceso, a competir con sus compañeros en condiciones igualitarias por los ascensos, sin distingos de sexo, filiación política o edad, a partir de sus competencias y habilidades.

Y no olvidemos  un último elemento: cada vez más los trabajadores talentosos quieren trabajar con las empresas que tienen buena reputación, que son socialmente responsables, que comparten con sus públicos de interés sus logros, no solamente sociales sino económicos y donde se sienten verdaderamente valorados y tenidos en cuenta.

Solo si atendemos estos otros frentes lograremos meter en nuestras filas a esos pocos que son trabajadores de alta potencialidad, personas brillantes, bien formadas, expertas y con valores.  Lo que se invierta en estos seres especiales nos vendrá de vuelta, muchas veces, en dinero contante y sonante. Lo demás, será siempre “botar pólvora en gallinazos”.

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Un comentario en “Empresas: A la caza del mejor talento

  1. La poca visión para entender al “cliente interno” es lo que hace que todo el talento humano se vea llevado a trabajar para cumplir lo que se le pide pero no para ser proactivo.

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